La trampa de la disponibilidad
- Rommy Artigas

- hace 1 día
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Son las 22h. Tienes una duda y sientes la necesidad de escuchar otro punto de vista. ChatGPT te responde en menos de dos segundos, con una redacción perfecta, con punto y coma, guion largo, frases cortitas, sin titubeos.
Y sobre todo, sin responder nunca: "Ahora mismo no puedo, estoy cenando con mi familia".
A corto plazo, ¿cómo no preferir la opinión de la máquina frente a la de un familiar, un amigo, un psicólogo o cualquier profesional?
Las IAs conversacionales:
→ No te juzgan.
→ Tienen respuesta a todo.
→ Te escuchan sin que tú tengas que escucharlas.
→ No se molestan nunca con lo que les puedas decir.
→ Y, sobre todo, están siempre disponibles.
Pero eso, que parece una ventaja, es exactamente la trampa.
Porque habituándonos a tanta facilidad, a tanta comodidad, poco a poco nos desacostumbramos a pagar el precio que supone la interacción humana.
Pero el coste que pagamos por interactuar con humanos es, en realidad una inversión.
El amigo que escucha, el médico que atiende, la familia que cuida… Todos traen consigo su historia, su cansancio, su criterio basado en la experiencia vivida. Esa “imperfección” no es un defecto del vínculo humano: es su condición de posibilidad.
La máquina, solo por el hecho de ser una máquina, que simula y no siente, nunca podrá satisfacer la necesidad de interacción real que los humanos necesitamos.
La máquina conecta datos y genera texto o voz. Te modeliza. Pero no entiende, no mira, no duda, no interpela, no intuye, no tiene sensibilidad contextual, ni vivencia acumulada, ni mucho menos buen juicio; es un algoritmo musculado y entrenado que actúa mediante interfaces – no rostros.
Estar disponible en todo momento no es una virtud, es una trampa que nos encierra en un cortoplacismo que nos aleja de lo que necesitamos de verdad.

Por Rommy Artigas




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